El ossobuco tiene raíces profundas en la cocina italiana, en particular en Lombardía, donde se originó como un plato humilde de los campesinos. Utilizaban cortes de carne menos costosos, como el jarrete de ternera, que, al cocinarse lentamente, se volvía tierno y sabroso. La cocción lenta en vino blanco, caldo y vegetales permitía que los sabores se mezclaran y el tuétano se derritiera, enriqueciendo la salsa.
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